Arte y Letras Literatura

Yo lo escribo, tú lo firmas: radiografía del ghostwriter

radiografía del ghostwriter
Foto: Cordon Press.

Autores como Juan Bonilla, Marta Sanz, Ignacio Peyró o Eduardo Jordá han puesto alguna vez su prosa al servicio de otras firmas. El ejercicio, aunque suponga una renuncia al ego del escritor, suele ser lucrativo y de alto valor pedagógico.   

A veces, escribir no es un oficio tan solitario como suele decirse. Con más frecuencia de lo que el mercado quiere admitir, tras los autores que firman las portadas de sus libros hay otros escritores a la sombra, o incluso verdaderos equipos. Son lo que en el mundo anglosajón se conoce como ghostwriters (escritores fantasmas), y en España «negros literarios». De su número en activo o el volumen que aportan a la producción editorial no hay datos, naturalmente, y a menudo pesa sobre ellos un silencio que los convierte casi en un tabú. Pero haberlos los ha habido y los sigue habiendo hoy. Desde el Alejandro Dumas que contaba a sus negros por docenas a la María Lejárraga que, según se ha demostrado, fue la autora de la extensa obra que encumbró a su esposo, Gregorio Martínez Sierra, pasando por un sinfín de especulaciones, el asunto viene de largo y sigue de candente vigencia. Incluso han ejercido como negros literarios alguna vez nombres conocidos de las letras actuales.  

«La primera regla del negro literario es no decir para quién has trabajado», asevera el jerezano Juan Bonilla, quien en el pasado desempeñara varias faenas de este tipo y atesora en su biblioteca algún que otro título firmado por alguien distinto a quien lo escribió. «El más famoso es el que escribió Mario Vargas Llosa para una señora rica de Lima, Cata Podestá, titulado Pieles negras y blancas», apunta.    

Bonilla recuerda que, como periodista, fue en sus comienzos, «tenía el ego mínimo para ciertas cosas», por lo que nunca le dolieron prendas en escribir algo que no llevara su firma. «Si se compara la producción que haces en una redacción con la que de hecho firmas, sale una cantidad inmensa. En una agencia pueden ser cinco boletines informativos al día: echa cuentas —comenta—. Por eso, cuando te ofrecen un trabajo de negro, no tiene nada malo: hay alguien que no sabe escribir, tú sí sabes. Es tan sencillo como eso. No eres más que una herramienta y ya está, lo demás es pura artesanía».

El autor se avino a esta fórmula en los noventa, «cuando decidí pasar del periodismo, porque estaba harto de cubrir entierros de ETA y crímenes en Valencia. Entonces me salió esto», recuerda. En concreto, Bonilla fue requerido por una prestigiosa editorial para colaborar en una colección de memorias de personajes más o menos notables, el género que más negros suele requerir. «La técnica no es ni más ni menos que lo que estás haciendo tú en este momento, grabar o tomar nota de lo que te cuenta otro. Luego solo tienes que sustituir la tercera persona por la primera», añade.

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3 comentarios

  1. Por un módico salario de 1€, yo le escribiría a Perreteverte una novela de 250 págs. En ella, ¡obviamente!, habría un personaje escritor, o a lo mejor el protagonista asistiría a un taller de escritura o —qué sé yo— se tropezaría con un esquizofrénico que desbarra hablando sobre literatura. En cualquier caso (justo en la pág. 125) el personaje en cuestión diría algo como esto: «No sabes cómo se articula, cómo emerge la narrativa sobre el papel», nuestro héroe quédase sorprendido por el áspero y amargo tono del profesor. «No lo sabes, joder. Construyes una casa apilando los ladrillos… vete a paseo, hombre. Si quieres levantar la primera pared de la vivienda, tienes que volcar, tienes que esculpir, tienes que pintar con palabras los golpecitos que da con la espátula el… ¿Me estás escuchando, avestruz? No saco punta de ti». (A ti habría que ponerle tilde porque Perreteverte ha puesto tildes en ti twitter).

  2. Chiquito de la calzada

    Todos recordamos a Sanchez Drago el día que llevó a su queridisima Ana Botella al telediario de telemadrid y fuera de camara le preguntó Botella a Dragó: ¿Que tal tu nuevo libro? a lo que Dragó en confianza de estar sin micro abierto respondió: Si esque no tengo tiempo, a mi me los escriben.
    Todo lo registro una camara traicionera que quedó grabando. Creo que el video andaba por youtube.

  3. Pingback: Notas para la Academia: de negros y fantasmas | Plein Soleil…

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